El cielo no es un tablero: por qué las estrellas se amontonan + test

La Via Lactea sobre las cumbres nevadas de los Alpes durante la noche.
La Via Lactea sobre las cumbres nevadas de los Alpes durante la noche.

Basta tumbarse en una manta lejos de las luces de la ciudad para notar algo raro: las estrellas no están repartidas por igual. Hay zonas abarrotadas, franjas luminosas y huecos casi vacíos. No es un efecto óptico ni una casualidad: detrás hay gravedad, la forma de la Vía Láctea y el sitio desde el que miramos. Reinout van Weeren, de la Universidad de Leiden, explica por qué el universo se parece más a un bosque que a un tablero — y al final puedes comprobar con qué mirada te asomas al cielo.

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La pregunta que se hace cualquiera

Una noche despejada, lejos de la ciudad, el cielo no parece un fondo uniforme. Hay constelaciones que se reconocen sin esfuerzo, como el Cinturón de Orión o la Osa Mayor, y a la vez regiones donde apenas se distingue nada. La primera reacción suele ser pensar que las estrellas están sembradas al azar y que las figuras las ponemos nosotros. La astronomía responde otra cosa.

Reinout van Weeren, profesor titular en la Universidad de Leiden, lo resume así: «Existe cierta estructura, en el sentido de que la distribución de las estrellas no es completamente aleatoria. De hecho, una distribución perfectamente uniforme sería algo muy excepcional».

La gravedad amontona la materia

El motivo principal es la gravedad. La materia no se queda quieta ni bien repartida: se atrae, se concentra en las zonas más densas y ahí acaba formando cúmulos de estrellas y galaxias enteras. Mientras tanto, la expansión del universo aleja unas galaxias de otras y deja entre ellas vacíos enormes. El resultado es un cosmos con grumos, no una superficie lisa.

A eso se suma que ninguna estrella se ve como es, sino como nos llega. «En un bosque también conviven árboles de muchas especies y tamaños. Lo mismo ocurre en el cielo nocturno. Algunas estrellas son intrínsecamente más brillantes que otras y, además, pueden encontrarse mucho más cerca o mucho más lejos de nosotros», explica van Weeren.

Dónde estamos nosotros

La segunda pieza es nuestra propia posición. El Sol no ocupa el centro de la Vía Láctea, sino sus afueras, y eso cambia por completo lo que se ve según hacia dónde se mire. Al apuntar la vista hacia el centro de la galaxia se atraviesan muchísimas más estrellas que al mirar en sentido contrario, y de ahí esa franja densa que cruza el cielo de verano. La Vía Láctea reúne alrededor de 100 000 millones de estrellas, así que el reparto desigual es, en el fondo, un problema de perspectiva.

Tres clases de galaxias

Las galaxias tampoco son todas iguales. Van Weeren distingue tres tipos, y cada uno cuenta una historia distinta:

  • espirales, como la nuestra: nacieron del colapso de nubes de gas enormes y deben sus brazos al juego entre la gravedad y la rotación;
  • elípticas, con una forma que recuerda a un balón de rugby: suelen ser el resultado de fusiones y en ellas ya casi no nacen estrellas;
  • irregulares, sin una geometría reconocible, que no encajan en ninguno de los dos moldes anteriores.

Hoy se considera que las espirales se formaron primero y que pueden convertirse en elípticas cuando varias galaxias se fusionan. La clasificación, entonces, no describe familias separadas, sino etapas de una misma historia.

Una colisión ya concertada

La Vía Láctea tiene además una cita pendiente: chocará con la galaxia de Andrómeda dentro de unos 10 000 millones de años. El choque no será una catástrofe inmediata. Primero desencadenará un episodio intenso de formación de estrellas y, cuando el gas se haya consumido casi por completo, es posible que quede una galaxia elíptica en la que ya no nazcan estrellas nuevas.

Lo que se ve en los cúmulos de galaxias

Un escalón más arriba están los cúmulos de galaxias, y ahí la desigualdad vuelve a saltar a la vista: están formados casi exclusivamente por galaxias elípticas. El proyecto ClusterWeb, dirigido por van Weeren y financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC) con el identificador 804208, estudia qué papel tiene en ello el gas caliente que llena esos cúmulos y que va despojando de materia a las galaxias que lo atraviesan.

«Estamos investigando precisamente este mecanismo. Comprenderlo nos permitirá conocer mucho mejor cómo evolucionan las galaxias y de qué manera influye su entorno en esa evolución», señala van Weeren.

Por qué esto interesa a quien estudia

La astronomía se parece poco a la imagen romántica del telescopio en la azotea. Es física, es estadística y, sobre todo, es tratamiento de datos: la respuesta suele estar escondida en catálogos enormes que hay que filtrar, comparar y volver a mirar. También exige paciencia, porque muchos de los procesos que describe se miden en escalas de tiempo que no caben en una carrera profesional.

Lo interesante es el punto de partida. Una pregunta ingenua, formulada desde una manta en mitad del campo, acaba llevando a un proyecto con financiación del ERC.

Resumen

Las estrellas no están repartidas por igual porque la gravedad concentra la materia, porque la Vía Láctea tiene una forma concreta y porque la miramos desde uno de sus bordes. La misma lógica se repite a mayor escala en los cúmulos de galaxias, donde el gas caliente decide qué galaxias siguen fabricando estrellas y cuáles dejan de hacerlo.

Cinco preguntas: ¿cómo miras al cielo? (test)

5 preguntas · un minuto · sin guardar nada

1. Sales una noche al campo y te encuentras el cielo lleno de estrellas. ¿Qué haces?

2. Alguien te dice que algo está «repartido al azar». ¿Cómo reaccionas?

3. Una tarea exige escarbar en un conjunto de datos gigantesco. ¿Cómo lo llevas?

4. El resultado no se sabrá hasta dentro de muchos años. ¿Qué te parece?

5. De todo el cosmos, ¿qué es lo que más te tira?


published: 2026-09-20
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