Un tercio de la vida a oscuras: qué encontró un algoritmo en 3.700 sueños + test

Mujer joven durmiendo en la cama con la luz de la manana entrando por la ventana
Mujer joven durmiendo en la cama con la luz de la manana entrando por la ventana

Pasamos cerca de un tercio de la vida durmiendo y una cuarta parte de ese tiempo soñando, aunque casi todo se borra al abrir los ojos. Un equipo de la Escuela de Estudios Avanzados IMT de Lucca decidió medir ese material esquivo: analizó con procesamiento del lenguaje natural 3.700 relatos oníricos y comprobó que lo que soñamos depende de quiénes somos y de cómo pasamos el día — también de detalles tan pequeños como si recuerdas tus sueños por la mañana y si les concedes alguna importancia.

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Un tercio de la vida fuera de línea

Todavía no sabemos del todo por qué dormimos, aunque el sueño ocupa alrededor de una tercera parte de la existencia humana. Dentro de ese tiempo, cerca de una cuarta parte transcurre soñando: cada noche pasan por la cabeza escenas completas que la mayoría de las veces se borran antes del desayuno.

Las civilizaciones antiguas leían en ellas mensajes divinos. La investigación actual describe algo menos solemne y bastante más incómodo: en los relatos de sueños predominan la ansiedad, el miedo y la tristeza por encima de la alegría.

Cómo se mide algo tan fugaz como un sueño

El obstáculo clásico de esta disciplina es que un sueño no se observa desde fuera. Lo único que queda es el relato que la persona escribe al despertar, y clasificar cientos de esos textos a mano consume meses de trabajo.

Un equipo de la Escuela de Estudios Avanzados IMT de Lucca, en Italia, tomó el camino contrario y recurrió al procesamiento del lenguaje natural. Reunió 3.700 experiencias oníricas de unos 290 voluntarios de entre 18 y 70 años, recogidas entre 2020 y 2024. Cada participante anotó durante dos semanas lo que soñaba y lo que hacía de día, mientras el equipo registraba datos sobre su sueño, su función cerebral, su personalidad y su perfil psicológico. Los resultados se publicaron en la revista Communications Psychology.

El sueño refleja la vida diaria, pero no la copia

El primer hallazgo desmonta la idea del sueño como grabación. Los acontecimientos del día aparecen, desde luego, pero deformados: la mente les añade un giro creativo en lugar de reproducirlos. El aula de siempre está ahí, solo que con otra puerta y otra gente.

Valentina Elce, autora principal e investigadora del IMT, lo atribuye a la desconexión: «El sueño es un estado en el que el encéfalo está más desconectado del entorno en comparación con la vigilia». Y sigue: «Así pues, cuando dormimos, nuestro encéfalo tiene, básicamente, libertad para explorar conceptos y conexiones lejanas con una interferencia mínima del mundo exterior. Procesa toda la información que hemos adquirido durante el día para permitirnos aprender cosas nuevas y consolidar nuestros recuerdos».

Qué decide el sueño que nos toca

El análisis cruzó el contenido de los relatos con rasgos personales y hábitos mentales, y las correspondencias resultaron bastante nítidas:

  • las mentes que divagan con facilidad durante el día producen sueños más extraños y fragmentados;
  • quienes creen que los sueños significan algo relatan experiencias más profundas y cargadas de emoción;
  • los episodios de la jornada reaparecen de noche, pero recombinados, casi nunca tal cual.

«Nuestros hallazgos muestran que los sueños no son solo un reflejo de experiencias pasadas, sino un proceso dinámico moldeado por quiénes somos y lo que vivimos», resume Elce.

Un algoritmo en el papel de investigador de sueños

La otra conclusión es metodológica y quizá más duradera. Los modelos de lenguaje captaron el significado y la estructura de los relatos con una precisión comparable a la de los expertos humanos que hacían el mismo trabajo a mano.

Eso abre la puerta a estudios reproducibles sobre la consciencia, la memoria y la salud mental, en los que distintos laboratorios midan lo mismo de la misma manera. «Al combinar datos a gran escala con métodos computacionales, hemos podido descubrir patrones en el contenido de los sueños que antes eran difíciles de detectar», señala la investigadora.

Por qué conviene saberlo durante la carrera

El periodo universitario concentra justo los ingredientes que el estudio señala: cambios de ciudad, exámenes, trabajos nuevos, jornadas largas de lectura y una cantidad considerable de divagación mental. Si los sueños reelaboran el material del día, un semestre de exámenes deja huella también de noche.

De ahí que un diario de sueños, dos semanas de anotaciones nada más despertar, funcione igual que el registro que llevaron los voluntarios italianos. No es introspección esotérica: es la misma materia prima con la que trabaja un laboratorio.

En resumen

El equipo de la IMT de Lucca analizó 3.700 relatos de sueños de unos 290 voluntarios de entre 18 y 70 años, recogidos entre 2020 y 2024 y publicados en Communications Psychology. Los sueños no copian la vigilia, la reinterpretan. La divagación mental se asocia con sueños fragmentados, y la convicción de que los sueños importan, con sueños intensos. Los algoritmos, por su parte, ya leen esos relatos casi tan bien como los especialistas.

Cinco preguntas: ¿qué tipo de soñador eres? (test)

5 preguntas · un minuto · sin guardar nada

1. ¿Con qué frecuencia recuerdas por la mañana lo que has soñado?

2. ¿Vuelven a tus sueños lugares conocidos: la facultad, el trabajo, casa?

3. ¿Cuánto se te van los pensamientos durante el día de lo que estás haciendo?

4. ¿Crees que los sueños significan algo?

5. ¿Qué haces con un sueño interesante?


published: 2026-09-17
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